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En 1968, un manuscrito escrito en portugués con el tema educativo veía la luz y sin saberlo sentaba las bases de una nueva perspectiva pedagógica: la pedagogía del oprimido de Paulo Freire.

Este pedagogo brasileño que a finales de los años 40’s dejaba su universidad para dedicarse a la alfabetización de adultos, fue promotor de una  pedagogía humanista que concebía a  la educación como un proceso destinado no a la domesticación sino a la liberación del individuo, a través del desarrollo de su conciencia crítica.

Escribió Freire: “la narración, cuyo sujeto es el educador, conduce a los educandos a la memorización mecánica del contenido narrado. Más aún, la narración los transforma en ‘vasijas’, en recipientes que deben ser ‘llenados’ por el educador. Cuando más vaya llenando los recipientes con sus ‘depósitos’, tanto mejor educador será. Cuanto más se dejen ‘llenar’  dócilmente, tanto mejor educandos serán.”

Este modelo educativo al que llamó “educación bancaria”, tendría que cambiar si se aspiraba a una educación que liberara al estudiante y al docente, al comprometerlos en una relación dialógica donde el estudiante se reconozca y aprenda de su maestro, pero que también éste sea capaz de aprender de su alumno.

El texto cierra con estas palabras: “si nada queda de estas páginas, esperamos que por lo menos algo permanezca: nuestra confianza en el pueblo. Nuestra fe en los hombres y en la creación de un mundo en el que sea menos difícil amar.”

Sus palabras han sido inspiración para muchos pedagogos en el mundo e inclusive el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en su documento sobre Educación libradora en 1968, pueden encontrarse ideas de tan fundamental pedagogo.

Desde este espacio los invitamos a leer este libro esencial del pensamiento humano.

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